Paso 1 — El pulso

Pon tu mano en el pecho y siente tu corazón. Cuando estás tranquilo, late despacio y parejo: tic… tic… tic. Pero si te pones a correr, tu corazón empieza a latir más rápido: tic-tic-tic-tic. En la música pasa algo parecido: el pulso es como el latido de una canción — ese “tic-tic-tic” constante que sientes cuando escuchas música, y que puede ser más lento o más rápido dependiendo de la canción, igual que tu corazón cuando descansas o cuando corres.

El pulso Fila de corazones espaciados de forma regular representando un pulso constante.

Paso 2 — Agrupar el pulso: el compás

Ese pulso no suena todo igual — normalmente sentimos que algunos pulsos “pesan” más que otros, como un acento que se repite cada cierta cantidad de pulsos. Cuando agrupamos el pulso en bloques que se repiten, a cada uno de esos bloques lo llamamos compás. Por ejemplo, si agrupamos de a 4 pulsos, cada grupo de 4 corazones es un compás.

Compás: pulsos agrupados de a 4 Ocho corazones agrupados en dos bloques de 4, con el primer corazón de cada bloque más grande para marcar el acento.

Paso 3 — Cómo se escribe: el número de compás

En la partitura, esto se indica con dos números al principio (ej. 4/4): el de arriba dice cuántos pulsos hay en cada compás, el de abajo qué figura representa un pulso. Por ahora, quédate con la idea de “cuántos pulsos por compás” — el resto lo vemos en detalle más adelante.

Compás de 4/4 El símbolo de compás 4/4 junto a un grupo de 4 corazones representando los pulsos de ese compás, con el primero acentuado. 4 4

Con esto ya tienes las dos piezas base: el pulso es el latido constante, y el compás es cómo agrupamos esos latidos en bloques que se repiten. El siguiente paso natural es ponerle nombre a esos pulsos agrupados: ahí es donde entran las figuras rítmicas — negra, blanca, redonda — que veremos en la siguiente sección.